La UE intenta zanjar la crisis migratoria para evitar la fisura del club

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Operación unidad. La cumbre europea de este miércoles y jueves en Salzburgo se ha convertido en un desesperado intento por pasar la página de la crisis migratoria y recuperar la unidad

de un club que en los próximos meses afronta retos tan delicados como la salida del Reino Unido de la UE, las elecciones al Parlmento Europeo y el arranque de la negociación del marco presupuestario para después del brexit.

Fuentes europeas esperan que en la ciudad natal de Mozart se recupere la armonía reventada por la explotación del repunte migratorio que han hecho ciertos líderes europeos, desde el primer ministro Viktor Orbán, hasta el ministro italiano del Interior, Matteo Salvini.

La coreografía de las dos jornadas se ha diseñado para eludir la bronca, anunciando por adelantado que no se espera ningún avance signitivactivo en ninguno de los conflictos abiertos (reforma de la política de asilo, creación de una guardia europea de fronteras...) y concediendo gran parte del protagonismo a la recta final de las negociacioines del brexit.

Pero nadie se atreve a descartar que Orbán, el primer ministro italiano Guiseppe Conte, o el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, no reabran un debate que les genera importantes réditos electorales en sus países aunque sea a costa de minar la unidad del club europeo. "Esperemos que no se produzca un choque de trenes porque a alguien le interese por razones de política interior", cruza de los dedos una fuente diplomática que participa en los preparativos de la reunión informa en Salzburgo.

"Esta noche pediré a los líderes europeos que paren el juego de las acusaciones mutuas en el tema de la migración", anunciaba el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, poco antes de comenzar la reunión informal en Salzburgo.

Pero el propio Tusk describía la situación con unos términos que sitúan como claros culpables al bando de Orbán y compañía. "No podemos seguir divididos entre quienes quieren resolver el problema de los flujos de emigrantes ilegales y quienes quieren utilizarlo para su juego político", señalaba el polaco, en una clara arremetida contra los gobiernos de su país, de Hungría y de Italia.

Los tres países llegan soliviantados a la cita y con sobrados motivos o excusas para enfrentarse al resto de socios. Hungría recibió la semana pasada un tremendo varapalo en el Parlamento europeo, donde incluso sus correligionarios del Partido Popular Europeo votaron a favor de iniciar un procedimeinto disciplinario contra el gobierno de Orbán por poner en peligro los valores fundamentales de la UE y por el maltrato a los emigrantes irregulares.

Italia sigue pidiendo, sin éxito, un compromiso europeo para repartir las personas rescatadas en aguas del Mediterráneo y trasladadas a puertos italianos. Y Polonia se ha librado este miércoles por los pelos de una denuncia de la Comisión Europea ante el Tribunal de la UE para frenar una reforma del Tribunal Supremo que, según Bruselas, solo pretende librarse ilegalmente de jueces poco afines al ejecutivo de Varsovia, controlado por Jaroslaw Kaczynski.

La Comisión ha frenado in extremis la denuncia contra Polonia, una cortesía que puede contribuir a calmar un poco los ánimos y evitar una gran bronca en la cumbre austriaca. El carácter informal de la cita, sin acuerdos firmes, también se presta al apaciguamiento. Pero los ánimos se pueden encrespar si salta alguna chispa.

"A pesar de la agresiva retórica, las cosas se mueven en la dirección correcta", ha señalado Tusk, quien ha recordado que el número de llegadas irregulares ha pasado de más de do millones en 2015 a menos de 100.000 este año, "una cifra por debajo de los niveles previos a la crisis migratoria".

Tusk espera dar la puntilla a la crisis migratoria con un reforzamiento del control de fronteras y con acuerdos con países terceros en África para que se comprometan a frenar las salidas. Austria, paíse que ocupa este semestre la presidencia de la UE, aspira a un rápido acuerdo para dotar a Frontex con una fuerza supranacional de hasta 10.000 efectivos. y a establecer plataforma de desembarco para los emigrantes irregulares en el norte de África.

Tusk y el cancillereaustriaco, Sebastian Kurz, harán partícipes al resto de líderes de su reciente visita a Egipto, de donde han regresado entusiasmados por las posibilidades de cooperar con un país que ha reducido este año a cero las salidas frente a las 13.000 de 2016. "Si todos los países de la zona se lo tomaran en serio como Egipto, se acabaría el problema de la inmigración irregular", señalan fuentes del entorno de la presidencia.

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