El Atlético ve la luz

España
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Buen fútbol y convincente partido de los rojiblancos ante un Athletic apocado. Griezmann, sobresaliente, y goles de Gamiero y Costa

 

Después de muchas tardes oscuras definidas por el 1-0 de rigor, el Atlético vio la luz. Reencontró el camino que inspiró al cholismo, un fútbol enérgico, orquestado en una defensa maciza y en transiciones vertiginosas. Funcionó el equipo incluso con el 0-0 ante un Athletic apocado, sin fe en su estilo. Salió Gameiro, marcó un gran gol y Diego Costa cerró la cuenta con otra diana marca de la casa. Un buen Atlético impulsado por la segunda mejor zurda de la Liga, Griezmann.

El Atlético ha empezado a mudar la piel. La difícil gestión para Simeone de los pesos pesados, veteranos con escamas y experiencia pero menos vigor, cobra forma con el paso de las semanas. Se va elevando Lucas Hernández, dueño de un físico imponente. Se ha consolidado Saúl, intocable por el centro, exuberante en el despliegue. Correa se afianza en las alineaciones de Simeone, pese a que sus maneras pintureras a veces exasperan: una de cal y dos de arena. Thomas desplaza al banquillo a Gabi. Y se hace acreedor a todos los minutos Giménez, defensa de altos vuelos, rápido, expeditivo, y con mejor manejo de balón que la mayoría de sus colegas.

 

Con estos mimbres que rondan más los 20 que los 30 años, el Atlético propuso una tarde rumbosa, de brioso contenido, según el manual. Jugó bien a tropa rojiblanca en el primer tramo, ardorosa su capacidad defensiva, enérgica su disputa del cuero y veloz en la combinación. Griezmann activó la finura que le falta a los demás. Fue dejando pequeñas perlas en el fútbol asociativo, siempre lúcido para activar el ataque.

 

El Athletic no inspira la eterna tradición guerrera de Bilbao. No recrea la leyenda del viejo San Mamés, su césped deslizante y las ronchas de piel por el asfalto. Nada que ver con su fama salvaje de gladiadores que no ceden ante ningún rival. Más se asemejó a un equipo a merced del adversario, sin iniciativa para gobernar el juego, con tendencia a la flojera y cierta indefinición. No se sabe muy bien si juega a pasar, a tocar, a luchar o ganar los partidos desde la defensa. Oblak fue un pasante en el primer periodo. El Athletic no lo requirió, tímido el grupo.

 

En tono constructivo, el centro del campo atlético sujetó las riendas a partir de Thomas y Saúl. El africano combina muy bien, ejerce con propiedad sus funciones de mediocentro y los despistes tácticos o de pases mal ejecutados obedecen a pecados de juventud. Thomas y Koke buscaron a Diego Costa, afanoso pero desacertado al principio, y en una de ellas, Unai Núñez lo derribó en algo que pareció penalti. Al Atlético no le han señalado ninguna pena máxima a favor esta temporada, detalle caundo menos extraño.

 

Se fue apagando el Atlético sin gol que anotar en el jornal y se llegó al descanso en un cierto equilibrio de fuerzas, más por el apagón colchonero que por la pujanza de los vascos.

 

Penetró el partido en la franja caliente, un 0-0 inquietante para un Atlético superior y satisfactorio para un Athletic sin cuajo ni perspectiva de ganar. Simeone confió en la rapidez de Gameiro para aportar alguna alternativa. Con cuatro hombres de ataque, esta vez sí el Atlético apabulló a Kepa, un buen portero que aún no decide partidos. Enfrente, Oblak protagonizó la escensa cómica del día. Deslumbrante en su área y perdido fuera de ella, salió a jugar con el pie y se metió en un lío que resolvió con dos regates a dos delanteros bilbaínos.

 

El Atlético mostró más fe en la victoria. Tiene más mentalidad y fortaleza psíquica que el Athletic y por ahí ganó el choque. Una vez más se desvaneció un vasco y los atléticos persiguiero el balón y no el cuento del rival. La pelota acabó en Griezmann y de él, suave, a Gameiro, que la pegó con violencia y colocación a la red.

 

El gol liberó la ansiedad, provocó una salva de ovaciones continuas a Griezmann, espoleó a Costa y mejoró al equipo, ya con Gabi para apuntalar. De Gameiro surgió el segundo, pase profundo a Diego Costa y magnífica resolución de éste a la salida de Kepa. Ya no hubo más vahídos de vizcaínos en el césped, pero tampoco un fútbol convicente para desafiar al Atlético.

 

fuente abc

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