El BCE anuncia que en diciembre eliminará el programa de compra de activos

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Europa y el mundo redescubren los riesgos políticos: Italia y el último G-7 son la prueba. La recuperación de la eurozona pierde fuelle. Los mercados están cada vez más

nerviosos. La inflación no termina de volver a pesar de la subida del precio del petróleo. Y aun así, el Banco Central Europeo está cerca de la retirada de estímulos: el plan de compra se amplía tres meses (del posible final en septiembre hasta diciembre) pero con una intensidad más baja, de 15.000 millones. A partir de diciembre se dará por terminado, a no ser que la inflación y otros indicadores den sorpresas.

"El Consejo de Gobierno seguirá realizando compras netas de activos al ritmo de 30.000 millones al mes hasta el fin de septiembre de 2018. El Consejo de Gobierno anticipa que, tras esa fecha, y sujeto a los datos que confirmen la previsión del BCE sobre inflación a medio plazo, el ritmo mensual de compras netas se reducirá a 15.000 millones de euros hasta diciembre de 2018, y entonces las compras netas terminarán", señala la nota del BCE previa a la rueda de prensa que ofrecer su presidente, Mario Draghi. Los tipos de interés siguen intactos en su mínimo histórico del 0%.

En la reunión de abril, Draghi dejó claro que el Eurobanco no discutía entonces los próximos pasos. Pero desde entonces sus consejeros han ido entreabriendo la puerta a la retirada de medidas extraordinarias, en particular el programa de activos (QE, por sus siglas en inglés) que ha anestesiado los mercados desde 2015. El economista jefe del banco, Peter Praet, lanzó una primera señal clara hace unos días. Los halcones —los partidarios de retirar estímulos cuanto antes— llevan meses esperando ese momento. Draghi y el vicepresidente Luis de Guindos, que se estrena en un consejo extraordinario celebrado en Riga (Letonia), tienen la palabra.

Y aun así, el BCE tiene un dilema por delante. La inflación se recupera por el aumento de los precios del petróleo, pero el índice subyacente (sin los elementos más volátiles, y que para Draghi ha sido el dato fundamental durante toda la Gran Crisis) sigue anclado alrededor del 1% y con pocos visos de animarse a subir. El petróleo ha subido en torno a un 20% desde febrero; esa subida es de alrededor del 30% por la debilidad del euro. El alza del crudo permite acercarse al mandato del Eurobanco (por debajo pero cerca del 2% de inflación), pero a la vez puede hacer mella en la recuperación, tras un arranque del año dubitativo, que ha hecho desaparecer la euroforia, el optimismo asociado a la actividad económica.

Los últimos datos son mixtos, ni buenos ni malos: la producción industrial de la zona euro desacelera, pero el empleo se sigue recuperando. Fráncfort tiene que dar alguna indicación acerca de si se trata solo de una corrección en el ritmo de crecimiento o, tal vez, de un posible riesgo de recaída en la recesión. Las incertidumbres están ahí, en los indicadores de confianza y en los niveles de volatilidad del mercado. Y sobre todo en Italia, auténtico quebradero de cabeza para las instituciones europeas y en especial para un BCE presidido por un italiano, Draghi.

Es probable que los tipos de interés negativos sigan ahí durante al menos un año. Y a los mercados les quedan todavía unos meses de anestesia vinculados al QE europeo. Pero cualquier cambio de posición del BCE puede provocar sacudidas.